Perspectiva de Cura
Exhibición individual. Galería Casa Proyecto, Buenos Aires, Argentina.
Julio - Septiembre 2025
Nota
Perspectiva de Cura, por Ignacio Repetto para OtraParte

























Perspectiva de Cura - Rubens Takamine (español abajo)
Através de vestígios arquitetônicos e artefatos, sabemos que a cruz é um símbolo pré-cristão presente em muitas culturas antigas de regiões como Mesopotâmia, Egito, Índia, Grécia, América Central e África. Antes de ser introduzida na religião monoteísta como símbolo de sofrimento e redenção por todos os "pecados do mundo", a cruz grega — com sua estrutura simétrica de quatro braços — já representava o equilíbrio cósmico entre o céu e a terra.
Na exposição “Perspectiva de Cura”, o artista Federico Roldán Vukonich utiliza a forma da cruz grega para expressar um gesto de profanação: apresenta um conjunto inédito de esculturas que desafiam a percepção do público ao contrastar a delicadeza do papelão com a aparência rígida do metal oxidado. O óxido de ferro confere à superfície uma coloração avermelhada que evidencia a transformação contínua da matéria e a experiência humana de reconexão com o próprio instinto/natureza. As paredes abrigam essas esculturas, que à primeira vista parecem pesadas; no entanto, flutuam com incrível leveza e encanto.
No teto, a presença de folhas de eucalipto cria um céu suspenso que, enraivecido, parece aguardar o momento de cair sobre nossas cabeças. No chão, bancos de aparência rochosa nos convidam ao descanso. Essas superfícies, produzidas em papel machê e evocando a figura de um dólmen, propõem uma experiência contemplativa tanto do ambiente quanto do próprio corpo. No interior, pequenos aquíferos embutidos funcionam como reservatórios silenciosos, conectando o visitante à calma originária da água doce. Na sala adjacente, em contraste com a serenidade, uma carroceria perfurada por tiros revela a fúria reprimida. Os buracos que a perfuram são percebidos como pequenos vazios no peito. Nesse conjunto de obras, não há literalidade nem respostas fáceis: apenas um abismo repleto de paradoxos. Acima de tudo, Federico cria uma experiência sinestésica — marca registrada de todas as suas exposições —, pois há sempre um convite inesperado à contemplação, à psicodelia ou à expansão da consciência em direção a camadas mais profundas da existência. Nesse ponto, a arte não se limita a refletir a realidade, mas se torna um conjunto mais complexo de práticas, saberes, discursos e escavações no tempo, capazes de transformar e ritualizar a vida.
No passado, artistas memoráveis como o poeta e dramaturgo francês Antonin Artaud (1896-1948), o alemão Joseph Beuys (1921-1986) e a brasileira Lygia Clark (1920-1988) destacaram esse aspecto curativo e transformador da arte. A arte cura? No caso específico de Artaud, o teatro deveria ser como um ritual: um espaço de liberdade para a renovação de uma sociedade doente e desencantada, vazia de sentido. Portanto, a experiência estética de “sair de si”, após um choque, êxtase ou imersão no caos, promoveria o renascimento de um ser mais resiliente. A ideia de cura, então, não significa a remissão completa de uma dor, ferida ou problema, tampouco seu esquecimento por meio da alienação. “Curar-se significa ser capaz de sofrer, de tolerar o sofrimento. Curar-se, nessa perspectiva, não é simplesmente ser feliz, é ser livre”. Por uma perspectiva psicanalítica, a cura é um longo processo de amadurecimento que nos permite enfrentar conflitos de forma mais consciente, alcançando maior autonomia e liberdade. “A arte não é mais um objeto para contemplar, para encontrar beleza, mas uma preparação para a vida”, afirmou Lygia Clark. Particularmente, gosto de pensar na arte como um espaço seguro para reorganizar nossas fragilidades internas, para recolher os fragmentos e migalhas espalhadas pelo chão. Arte como um ensaio para a vida. Arte como um oráculo para o futuro.
Sem esquecer-se da beleza, as obras de Federico ressoam com um ritual de preparação: um espaço confessional onde a liberdade é princípio. Por alguns instantes, estamos libertados de restrições sociais, dogmas, convenções e outras formas do pensamento totalitário. O artista reinventa sua própria fé. Dentro das cruzes, há elementos como pregos, latas, moedas, pedras e gomos de toranja: pequenos amuletos que guardam um segredo oculto. Esses elementos podem até sugerir uma metáfora para a dor, os vícios, o vazio e a coragem que fazem parte do processo de cura de uma ferida aberta. Mas não há uma chave única para lê-los ou interpretá-los. Afinal, existem muitas teorias e perspectivas sobre o que significam doença e cura.
Talvez, para curar, devamos aceitar nossa própria sombra, assim como celebramos a luz. Aceitar nossa pequenez diante do universo e abraçar as profundezas. Dizer adeus à linguagem e retornar ao ponto de partida. Abrir mão do controle e simplesmente sentir.
Rubens Takamine
ESP
Perspectiva de Cura - Rubens Takamine
Antiséptica, expectorante, antibacteriana, antiinflamatoria, desodorante, diurética y antiespasmódica; ideal para tratar fiebres, laringitis, asma, bronquitis crónica, tos convulsa, gonorrea, úlceras, gangrena, edemas, cefaleas y molestias gastrointestinales. Por gracia de sus propiedades, el eucalipto es capaz de aliviar los mencionados malestares y otros tantos. Quienes tuvimos una infancia urbana, recibimos una primera, levísima noticia de estos saberes y aplicaciones cuando insospechadamente nos convidaron gomitas saborizadas con el extracto de este árbol. El limitado espectro del colorante verde comúnmente usado, las dejaba confundir por otras, de gustos que ya formaban parte de nuestro repertorio (manzana, lima, menta). Y así, un buen día, quedamos avisados.
Más tarde llegaría la asociación entre la golosina y el eucalipto. Árbol ubicuo, artificialmente universal, nunca dejó de asombrar el conocimiento de su lánguida altura, el carraspeo reseco de sus barbadas ramas en una tarde de sol, su inconfundible perfume. Amén de los cánones edulcorados que impone el género “caramelo”, ¿quién no quisiera llevar una miniatura de estas torres de vida en el bolsillo?
Un artista sensible al encanto del eucalipto es Federico Roldán Vukonich. La malla que tendió sobre la superficie de su última muestra en la galería Casa Proyecto cubierta con cientos de hojas de este árbol dice tanto. Su aroma intenso se cuela por el pasillo, incluso antes de llegar a contemplar la red que se expande como un primer techo. Memoria involuntaria activada. Una contaminación de sentimientos te tironea de la manga. Entrás erizado. Eras geológicas de imágenes circulan en un carrusel.
Porque si algo intenta esta escena, que lleva por título “Perspectiva de Cura”, es removerte. Horadar la tierra debajo de tus pies para acercar el recuerdo de lejanos mundos que reclaman tu pertenencia. De ahí el extraño aire familiar que respira el living de esculturas que compuso Vukonich. Sobre las paredes cuelgan cruces griegas hechas de cartón, aunque su apariencia herrumbrosa engañe. Enfrentadas a estas, o dispuestas a su alrededor como bancos de plaza, pequeños dólmenes confeccionados con pulpa de papel simulan superficies pétreas.
Cruz y dolmen: las dos formas supieron ser globales, icónicas. A lo largo y ancho de las culturas más variadas se encuentran estos desarrollos silvestres. Constituyen una suerte de geometría humana preconfigurada, de fábrica. La íntima proximidad de ambos elementos induce un vértigo antropológico que se salva solo en un espacio despojado y armonioso. Aún somos sujetos modernos. Y confrontar estas estructuras que reenvían a la creencia, la magia, la muerte, y su sinfín de ritos resquebrajan la pátina de certeza con la que pincelamos nuestro rostro.
Vukonich es un alquimista del tiempo. Crea remolinos en la historia natural de las cosas, manipulando sus materiales con genio. A gusto acelera procesos químicos y geológicos. Las cruces de cartón, oxidadas con ácido, parecen artefactos recuperados en una excavación; las piedras se empastan y se moldean al cabo de un instante, si se compara con la demorada duración milenaria de las formaciones que inspiran. Aunque al sentarse sobre ellos los bancos de piedra suenen huecos, la ilusión se mantiene firme. Los espíritus afiliados a estos símbolos ya fueron conjurados.
En el montaje de esta muestra, por incongruentes que sean sus fuentes, todo encaja. Y si no encaja, se incrusta. Las esculturas vaciadas de su forma de cruz hacen de pequeñas repisas o altares vernáculos en negativo. Sobre los brazos de las figuras ahuecadas hay cáscaras de pomelo y latas. Leves descansos de la vida cotidiana. Sobre su exterior rugoso se enquistan piedritas o clavos de resina fosforescente. A modo de provocación, hay una cruz dentro de otra cruz, sostenida en su lugar por taquitos de monedas. Una operación idéntica quita a los dólmenes de su pasado intacto: en su interior conservan una lata con agua, como un cacharrito que junta lluvia al costado de la ruta.
Encima de una genealogía va otra; encima de un material va otro. El procedimiento de Vukonich es barroco, mas no previsible Acumular, sí, pero construyendo un templo de prolija tensión. La descarga está contenida en la sala contigua. En la pared del fondo cuelga una chapa lisa de contorno elíptico, con perforaciones de bala. La obra, Ciego, insiste en el desprestigio de la mirada y abre una paradoja dentro de la muestra: ¿qué perspectiva puede ofrecer un ojo pinchado, no ya con uno, sino con decenas de puntos de fuga?
Vuelvo por donde entré: el eucalipto, eu-kalyptos. Lo “bien escondido”, lo invisible son aquellos profundos procesos subterráneos que la desmemoria y el trajinar de los siglos han convertido en materia de secreto. Urge la arqueología. Todo es un sobrenombre: mottlecah, dwutta, wandoo, moich, jarrah, entre otros. Así llamaron los primeros pobladores del territorio hoy conocido como Australia al árbol que, a la par de ellos, toleró el maltrato del clima. Infusionaron sus hojas, mascaron su resina, inhalaron el humo de sus vainas, untaron sus aceites, se recostaron a soñar bajo su sombra.
Luego, Occidente puso al eucalipto de moda: crecen rápido y derecho, aun en desiertos (reales o imaginados). En 1858, Sarmiento acusó recibo oficial del primer paquete de semillas en ingresar al país. Echarían raíz en la Pampa y la Mesopotamia, para suplir la demanda de madera nacional. Con los años, también, se volverían uno de los principales insumos en la manufactura de cartón y papel.
Los males de nuestra época no tienen cura. Apenas hay teorías, perspectivas llenas de agujeros. No hay consuelo para la experiencia conmovedora que ofrece Vukonich en el espacio de esta obra/muestra. El ensamblaje de restos remotos y vagamente impropios libera el tiempo en que todos los pueblos fueron paganos, en que todas las prácticas fueron indígenas. Para hacerse cuerpo de esta emoción, alcanza con permanecer entre las esculturas un momento, hasta que el último rastro del eucalipto desaparezca en la atmósfera.
Nacho Repetto
A propósito de Perspectiva de Cura, Agosto 2025